La COVID-19 ha provocado numerosos cambios en nuestras vidas: cambio de hábitos, diferencias en nuestra forma de socializar, de trabajar, de aprender. Nuestra visión está teniendo que re-enrutarse y nuestras expectativas en general ya no pueden ser las mismas que teníamos en 2019. Sin duda, la pandemia ha sido un fenómeno disruptivo de la era moderna en todo el mundo.

Los efectos a largo plazo del confinamiento y de las clases en línea, son impredecibles, pero de que habrá repercusiones, las habrá. De acuerdo con estimaciones calculadas por el Banco Mundial, en América Latina el rezago educativo podría llegar hasta 0.9 años de escolaridad en promedio.

Después de un prolongado periodo de confinamiento, de estrategias creadas a gran velocidad y una dinámica de acciones evaluadas mediante ensayo-error, diversos cuestionamientos han surgido. ¿Sería sostenible una educación 100% a distancia? ¿Cuáles pueden ser los beneficios y cuáles los riesgos? ¿La aplicación de vacunas permitirá regresar a “la normalidad”?  ¿En qué medida?

Hoy en día no se puede decir que las clases presenciales volverán a ser iguales. Hasta cierto punto podríamos prever cómo serán los métodos de comunicación en lo inmediato, pero no las afectaciones en los niveles educativos, de socialización y salud mental de estudiantes, padres y personal docente en los distintos sectores de la población. Desde luego, hay países mejor habilitados que otros para las futuras adaptaciones. En México, de acuerdo con estadísticas de la Unicef (Organización de las Naciones Unidas para la Infancia), 25.4 millones de estudiantes de educación básica y 5.2 millones de educación media superior, se han visto afectados sin asistir a la escuela.

La cuestión de salud no está resuelta todavía. Los niveles de vacunación son aún incipientes si el objetivo consiste en inmunizar a toda la población mundial. Y la aparición de nuevas variantes de coronavirus va incrementando la incertidumbre.

Si bien no existe una valoración real de cuáles serán las afectaciones que la pandemia dejará en la capacidad y proceso de aprendizaje del Ser humano, necesitamos empezar a implementar acciones -más que correctivas y emergentes- con una visión de largo plazo.

Lo que es un hecho, es que se ha dado una irrupción tecnológica sin precedentes y los canales digitales jugarán un papel importantísimo en la educación del futuro; no sustituirá -ni sería deseable que lo hiciera- a la enseñanza presencial, al contacto y la convivencia personal, el juego y el ejercicio, ni tampoco suplirá esa capacidad que tienen los maestros de observar señales no verbales para detectar cuando un alumno tiene problemas, pero ha mostrado beneficios incuestionables como herramienta complementaria para la transmisión de conocimientos, para promover la autonomía de los estudiantes e incluso para llegar a más personas y ser más inclusiva. Digamos que la Era de la Educación Híbrida está comenzando.

Y en lo inmediato, ¿cuáles son los retos más importantes por enfrentar?

  • Mejorar las condiciones de higiene y políticas sanitarias que garanticen seguridad en las escuelas, para un regreso a clases presenciales confiable, que dé certidumbre a padres y personal docente. Entre otras tácticas, se recomienda la alternancia del alumnado en distintos días de la semana, horarios escalonados y el incremento de turnos.
  • Prevenir y minimizar el abandono de estudios. La merma económica de las familias está obligando a niños y adolescentes a buscar una fuente de ingresos. Adicionalmente, las deficiencias académicas que se están generando por la crisis tienden a desincentivar a los estudiantes, principalmente de los niveles medio y superior. Se calcula que alrededor de 1.2 millones de niños y adolescentes en América Latina podrían no regresar a las aulas.
  • Disminuir la desigualdad. Llevar conectividad de datos a las regiones menos favorecidas en cuanto a servicios digitales y promover estrategias para facilitar la obtención de dispositivos por parte de la población más vulnerable. Fortalecer el acceso a Internet tanto en escuelas como en los hogares.
  • Dotar de equipamiento tecnológico y desarrollar las competencias digitales del personal docente en general, tanto en la escuela pública como en la privada.
  • Capacitar a los maestros y habilitarlos para la adecuada adaptación de metodologías híbridas de enseñanza, incorporando estrategias para apoyar social y emocionalmente a los alumnos durante la transición a los nuevos esquemas.
  • Ajustar los programas pedagógicos para incorporar las clases presenciales y la educación a distancia en un mismo modelo sinérgico.
  • Fortalecer a las instituciones educativas públicas para atender a la población estudiantil que se vea en la necesidad de abandonar la educación privada, bien sea por su situación económica o por el potencial cierre de escuelas particulares.
  • Promover la complementariedad entre instituciones, colaborando de manera sincronizada para afinar métodos, hacer evaluaciones constantes de las estrategias tomadas e impulsar la optimización recursos.

Es momento de actuar y de actuar rápido. Los gobiernos en toda la urbe y la sociedad mundial en su conjunto, todos, debemos preocuparnos y ocuparnos en detener el rezago educativo y revertir la tendencia generada por esta inesperada crisis. Uno de los valores más relevantes que tenemos como especie, la Educación, no puede ser vulnerada. No debemos dejar al azar la evolución de las generaciones futuras.

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